-En las patologías sexuales nos encontramos ante un problema, que es la relación entre el esfuerzo del control mental y la incapacidad de dejarse llevar naturalmente por las sensaciones-

(Nardone)

Esto quiere decir que nuestra cabeza lucha por controlar muchas de las sensaciones que, de forma natural, deberían fluir de forma espontánea. Control, control, control… Uno de los males de nuestro tiempo.

La actitud de la sociedad marca la forma en que las personas expresamos nuestra sexualidad. Si convertimos la sexualidad en una meta de realización personal gracias a todo lo que vemos: el cine, la literatura, la publicidad, etc, inflaremos unas expectativas que nos llevarán a transformar un fenómeno absolutamente natural llamado sexualidad, en un comportamiento obligado. Tenemos que “cumplir”, que ser el mejor amante, que tener el pene más grande, durar el que más durante la relación coital, etc, etc.

Gracias a esto el hombre se ve auto exigido de tal forma que sin querer pierde el control y lo que puede quedarse en un simple episodio esporádico, a veces se enquista y se alarga en el tiempo de forma indefinida. “Miedo” y “presión” y, como consecuencia, la disfunción sexual se hace presente. La exigencia, por tanto, es uno de los mayores enemigos de nuestra sexualidad. Tanto el hombre consigo mismo, que tiende a “medirse” con referentes a veces muy alejados de lo natural, como la mujer, que en ocasiones espera demasiado del “buen hacer” del hombre en la cama.

La disfunción eréctil (DE) es una patología que afecta al 19% de los hombres entre los 25 y 70 años. Se puede decir que casi todos los hombres han tenido alguna vez en su vida un episodio en el que el pene no ha respondido “como esperaban”: o bien han tenido una bajada de erección en el momento más inoportuno (el famoso gatillazo), o bien no han podido tenerla por determinados motivos. En cualquiera de los casos, se trata de algo completamente normal. Ahora bien, cuando el problema persiste por cualquier razón, y el hombre se ve incapaz de conseguir y mantener una erección suficiente para tener una relación sexual satisfactoria, entonces es cuando empezamos a hablar de disfunción sexual.

La causas de la DE pueden ser orgánicas (tabaco, alcohol, drogas, alteraciones hormonales, diabetes, problemas vasculares) o psicológicas (ansiedad, depresión, traumas…) Por lo general varias de ellas se mezclan entre sí, generando una especie de círculo vicioso que angustia al hombre y a su pareja, mermando la satisfacción sexual de ambos. Quizá uno de los pasos más difíciles para él es llegar a reconocer lo que le pasa y hacerse cargo de ello, consultando con un especialista. Cosa que, paradójicamente, es fundamental para solucionarlo.

El miedo, la vergüenza, la culpa… son variables que llevan a esconder el problema más allá de lo necesario, sumiendo al hombre y a su pareja en una profunda frustración.

Pero no desesperemos, la disfunción eréctil puede solucionarse si ponemos los medios adecuados.

El procedimiento más correcto es ir, en primer lugar, al médico. Consultar el problema con un profesional para descartar cualquier problema médico concreto. En algunos casos la disfunción eréctil se tiene que tratar con fármacos, pero sin dejar nunca de lado el refuerzo de otro trabajo que es fundamental: el psicológico. El impacto que tiene la disfunción eréctil sobre el hombre y su sexualidad, y su pareja, requiere de un apoyo psicológico. A este nivel, habría que poner en marcha algunos mecanismos que tienen que ver con reaprender y reeducar hábitos erróneamente fijados.

Para ello, y en paralelo a la posible medicación que pueda tomar el paciente, vamos a trabajar con colaboración de la pareja, que es muy importante. El primer paso es dejar de lado todas las estrategias puestas en marcha hasta ahora para tratar de solucionar el problema. Lo que has intentado no ha dado resultado, así que hay que abandonar esa lucha. Con todas esas “soluciones intentadas” lo que el hombre hace es intervenir artificialmente en sus programas neurobiológicos y neuroendocrinos, provocando cortocircuitos, sin dejar que se expresen naturalmente. Interferimos, con el fin de conseguir voluntariamente algo que NO es voluntario: la erección.

En el caso de que un hombre esté tomando medicación, si su proceso de recuperación se retrasa, puede deberse no al tratamiento en sí, sino a sus propias expectativas y ansiedad, por lo que es importante tener calma y no tratar de forzar la erección (recordemos que es un acto involuntario). Si los nervios juegan malas pasadas, hay que procurar no darle demasiada importancia (es difícil, sí) y tratar de centrar el foco directo que se pone en la erección, en otros aspectos de la sexualidad, que están repartidos por el resto del cuerpo: atender a caricias y estímulos eróticos más allá de la zona de los genitales. Tomar consciencia del propio cuerpo y reaccionar naturalmente a esos estímulos.

Un maravilloso ejercicio que suele surtir efecto y que libera de muchas tensiones al hombre consiste en, primero, ayudarle a entender y asumir que de su erección no depende el placer del otro/a, es decir: ¿Una mujer (u otro hombre) pueden tener orgasmos sin que haya penetración o sin que ese hombre logre una erección? La respuesta es “sí”, por lo tanto, manos a la obra.

Tanto si el hombre toma medicación como si no la toma (dependerá del grado de erección que haya conseguido), se embarca a a la pareja en un juego que consiste en que el hombre va a introducir su pene semi flácido en la vagina, con ayuda de sus manos y no se va a mover. Será la mujer la que con las contracciones de su músculo pubococcígeo, (cerrando y abriendo la entrada de la vagina) “abrace” el pene de su chico, mientras ambos se siguen besando y acariciando. Este ejercicio es muy efectivo, sobre todo en personas que se medican porque el efecto de la medicación que pudiera estar siendo anulado por los nervios o ansiedad, tiende a desaparecer cuando el hombre se centra en lo que siente, en las caricias, en los besos… De manera que el pene crece dentro de la vagina y él se relaja. Es importante hacer este ejercicio sin enjuiciar, sin pensar demasiado o exigirse absolutamente nada. Sentir, sin más. Tratar de abandonarse al placer, tomarse el tiempo necesario para que ese pene vaya creciendo dentro de la vagina y se convierta en erección.

Y acabará sucediendo. Quitarse presión de encima y confiar en que los pasos que estás dando son los que te llevarán a solucionar el problema, es fundamental. Confía en el profesional que te atiende, tanto médico/a como psicólogo/a.

En resumen, las claves inexcusables para conseguir superarlo son: consultar al médico y tomar la medicación en caso de necesitarla, relax, no “pensar”, no excusarse y asumir lo que pasa, no luchar contra ello, abandonarse a las sensaciones, hablar mucho con la pareja, reírse y disfrutar de la amplísima gama de posibilidades que nos ofrece la sexualidad. Aunque a un hombre le cueste creerlo, su sexualidad va más allá de su pene.

 

Si necesitas más información y quieres dar los siguientes pasos, vista la web: www.avecesnospasa.com. Encontrarás contenidos que te van a ayudar. Y recuerda: puedes conseguir que sea pasajero.

Deja un comentario

Tu email no será publicado.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Pin It on Pinterest