Cuántas veces habremos oido esta frase en boca de algún hombre: con el condón no siento nada. El otro día presencié una discusión al respecto. Las chicas hablaban de que jamás juegan con eso y que el tema del condón es obligado en sus relaciones sexuales, y que algunos hombres tienen mucho morro porque argumentan el corte de rollo del condón cada dos por tres. Uno de los chicos que participaba en la conversación dijo que las mujeres no teníamos ni idea y que, por supuesto, el condón quitaba mucho placer en las relaciones sexuales.

Por supuesto, la opinión de cada persona es sagrada, pero si atendemos a la evidencia objetiva y empírica de un preservativo, se puede decir que el grosor milimétrico que tiene un condón NO resta sensibilidad al pene.

Es fácil comprobarlo: ponemos un preservativo sobre los dedos y pasamos la yema del dedo de la otra mano por encima. ¿Quién no siente esa caricia? Ahora pongámonos en la situación de la relación sexual, en la que hay calorcillo, excitación máxima, respiración acelerada, corazón a mil, caricias y movimientos fuertes… ¿No se siente nada? No es posible. Si somos capaces de sentir la caricia de un dedo, el pene de un hombre también es completamente sensible ya que durante una relación sexual, las sensaciones no se centran exclusivamente en el pene sino en el resto del cuerpo.

Es cierto que el preservativo puede ser un corte de rollo justo en el momento de ponerlo, ya que hay que parar en un momento de mucha excitación pero, de verdad que ¡no llega a un minuto! ¿Quién tarda más? Ni siquiera da tiempo a perder la excitación, es mínimo el tiempo que se emplea. Podría tener gracia incluir en el juego sexual el condón, como por ejemplo que lo ponga la pareja.

Por otra parte hay que mentalizarse de que el preservativo es el único método eficaz para evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual (por supuesto, también el embarazo no deseado pero también hay otros métodos para ello). Es vital, muy muy importante. No solemos pensar que a nosotros nos puede tocar la mala suerte de un contagio pero sucede a diario y con consecuencias terribles, a veces. Hay que grabárselo a fuego en la cabeza y enseñar a los más jóvenes a usarlo.

Sin discusión. ¡Uso obligatorio!

 

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