El otro día me subí en un taxi y el taxista -un tipo encantador- me cuenta que ha tenido eyaculación precoz durante bastante tiempo, así de repente. Tenía pareja estable y empezó a tener este problema y a agobiarse. Acudió a un sexólogo para solucionarlo y tras unas sesiones éste, a su vez, le derivó al urólogo. Una vez allí, el médico decidió recetarle unas pastillas para combatir el problema. Este chico me contaba que nada más empezar a tomar las pastillas notó su efecto y que las susodichas pastillas le “cambiaron la vida”.

Hizo una reflexión súper interesante porque después de hablarme de los efectos de las pastillas, dijo que él creía que lo que le había pasado es que su cabeza había hecho un click y las pastillas le dieron confianza

¡Eureka! Esa es la reflexión perfecta!! Claro que sí… las pastillas hicieron su función médica, digamos, pero al mismo tiempo, cuando la persona ve que el problema se va solucionando, se refuerza su confianza y el problema tiende a desaparecer. Este chico había comprendido enseguida que esas pastillas ya no fueron necesarias para controlar su eyaculación precoz, sino que él podía hacerlo por sí mismo. En ocasiones, se puede llegar a recetar un medicamento para dar fuerza mental al paciente. ¡Este es el ejemplo perfecto!

También ocurre con la Viagra. En casos en los que las causas no son médicas, como alguna enfermedad concreta, a veces se receta en muy bajas dosis para que el paciente vea que es capaz de tener una erección sin problemas, para se anime y elimine sus miedos… y, de repente, desaparece el problema. ¡Y adiós pastillas!

Confianza es la palabra…

 

 

 

Deja un comentario

Tu email no será publicado.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Pin It on Pinterest