El amor hay que currárselo

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Igual es el momento perfecto para plantearse cambios parejiles que te lleven a mejorar. ¿Qué tal un cambio de actitud ante las personas que tenemos a nuestro lado o ante esas personas que anhelamos lo estén?

Conceder tiempo al amor es un lujo que tendemos a negarnos porque vamos demasiado deprisa sin detenernos un ratito para ver cómo está la otra persona, qué quiere, qué necesita, con qué sueña…

Intentar frenar un momento y piensa cuáles son esas cosas tuyas que puedes ofrecer y, en momentos determinados, qué otras cosas puedes cambiar (un poquito…) para que no acaben minando la relación que has construido.

Seguramente no te paras muy a menudo a pensar que el amor es esa especie de nosabemosqué que puede llegar a ser muy frágil, si no sabemos alimentar y regar como si fuera una planta. ¿Demasiado romántico lo que estoy diciendo? Puede ser, pero me pongo más cañera. 

El amor hay que currárselo. Seguramente todos los días, pero para que no haya más agobios de lo preciso, lo dejamos en un día sí y otro no por lo menos. Hay cositas que puedes ir teniendo en cuenta y que vendría de perlas abonar, como por ejemplo:

  • Dejar la sinceridad «total» a un lado. No es necesario. Se honesto/a contigo mismo/a, sí, y sincero/a, pero no es necesario ir abanderando  la verdad absoluta. Entre otras cosas porque las verdades dependen mucho del cristal con que se miren. Hay verdades que son necesarias, pero hay otras que hacen un daño innecesario. La pareja no tiene por qué saberlo todo con pelos y señales. Decía un escritor francés que la razón se compone de verdades que hay que decir y verdades que hay que callar. Y esto enlaza directamente con otro de los grandes momentazos del mundo parejil que tenemos que quitarnos de en medio:
  • La necesidad de «tener razón». Como decía Woody Allen en Misterioso asesinato en Manhattan: «ese tipo de razón nos va a llevar a la cloaca…» Y es que querer tener razón siempre , querer ganar siempre, no agachar la cabeza, quedar por encima, tener la última palabra… Son todo una serie de actitudes que conducen ¿a qué? ¿a ganar qué? De qué nos sirve tener siempre razón sino para convertirnos en personas rígidas, inflexibles e insolidarias ante las opiniones del otro. Este es uno de los defectos que más desgastan una relación de pareja y que acaban tirando el amor a la basura.

Si eres de esas personas que siempre quieren tener razón (en el fondo, tú lo sabes perfectamente…) ponte delante de un espejo y repite en voz alta: a veces no tengo razón, aunque me empeñe. Debería ceder más a menudo, aunque crea a fe ciega en mi «razón». Esta aparente tontería, daría muchas alas y luz a aquellas personas tercas como mulas que se creen en posesión de la verdad absoluta.

¿Has pensado alguna vez qué liberador sería poder quitarte por fin la enorme responsabilidad de estar siempre en lo cierto, de tener siempre razón, de hacer siempre las cosas a tu manera? Sería como quitarse una losa de encima… Prueba el truco del espejito y libérate de una vez (prueba y comprueba los resultados…)

  • Valora a tu pareja. ¿A que te parece una recomendación de perogrullo? Pues te sorprendería comprobar la cantidad de veces que te puedes descubrir a ti mismo/a no valorando a la persona que has elegido. Siempre podrás encontrar alguien diferente, que te aporte otras cosas interesantes, gente atractiva que te atraiga… Eso siempre va a pasar, aunque cambies de pareja constantemente. La cuestión es valorar lo que elegiste, porque lo que tienes es único e irrepetible. Sentirse orgulloso/a de la persona que tienes a tu lado es fácil, sólo hay que observar y admirar sus cualidades.
  • Escuchar a los demás… La gran cuenta pendiente de la humanidad y, por descontado, de las parejas. La escucha. La comunicación es vital para que las relaciones fluyan. Para y escucha al otro, con sus personales argumentos, y deja que hable hasta el final. Después comentas. Si callas, acabarás estallando. Si no callas nunca, acabarás diciendo cosas de las que puedas arrepentirte. Escucha más y habla lo necesario. Los resultados son sorprendentes.

¿Y más propuestas para currarse la relación? Tener más paciencia, ser más amable, más cariñoso/a, hacer más planes (salir más, cojona!), reir muuuucho más, hacer más el amor (aunque cueste lo más grande…), más juego entre ambos…

Más amor del bueno, que es ese que sabe dar pero que también sabe recibir. Hay personas que se bloquean cuando «el otro» da mucho, porque no saben cómo corresponder… Y por qué no tomarlo como un reto personal el poder estar a la altura. A tu manera, pero entregando. El impulso  lo tienes dentro y es lo que marca la diferencia entre una relación desigual y una relación equilibrada: «D A R S E».

Y mi gran hit consejil: aparcar el miedo. Al amor, por supuesto. Sí, cuando amas te expones y cuando te expones corres el riesgo de salir herido/a pero es que eso no lo vas a evitar por mucho que te empeñes en ponerte la coraza. Lo que viene se siente, que dice un refrán y cuando  se trata de amor las corazas sólo sirven para desnutrir las relaciones y fastidiarlas. que hice Nada ni nadie puede asegurarnos la permanencia de una relación de pareja, pero lo que sí está en nuestra mano es que hagamos que la relación se nutra de ese amor del bueno que hace que esto que tengo ahora, dure lo que dure (si es eterno y bueno, mejor), sea un tiempo excepcional en el que sientas que has currado la relación y has amado a tope (suenan violines otra vez ¡lo sé!)

Y para aquellas personas que no tienen relaciones estables, digo más de lo mismo. Porque siendo excepcional es cuando se encuentran las cosas bellas. Con educación, ternura, respeto, cariño, buenas palabras, un mensaje «después de»… que no cuesta nada y aunque no tengas intención de volver a ver a esa persona, será un gesto de agradecimiento y ¡AMABILIDAD!

Todo ello es clave para triunfar en el amor, ya seas pareja estable o un amante cambiante

¡Que vivan el amor y la complicidad!

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