Me siento a pensar qué tipo de post se puede escribir un 30 de Diciembre, a puntito de finalizar el año… Y la cosa del balance no me apetece nada, porque ya sabemos que hubo cosas malas y buenas y ponernos ahora a repasar, pues como que no.

Mmmmm…

Me voy a lanzar a los abismos de mis personalísimas preferencias para decantar mis palabras hacia el romanticismo que es lo que, al parecer, me pierde (y ahora suenan violines de fondo…)

Si es posible que los propósitos del año nuevo vayan por los derroteros del cambio de actitud ante las personas que tenemos a nuestro lado, en el día a día, o ante esas personas que anhelamos estén a nuestro lado… Qué diferente sería todo. Conceder tiempo al amor es un lujo que tendemos a negarnos porque vamos demasiado deprisa y queremos todo aquí y ahora, sin detener ese tiempo unos segundos a ver cómo está la otra persona, qué quiere, qué necesita, con qué sueña… Cuáles son esas cosas nuestras que podemos ofrecer y, en momentos determinados, qué otras cosas podemos cambiar (un poquito…) para que no acaben minando la relación en cuestión.

No solemos pararnos a pensar que el amor es una especie de nosabemosqué que puede llegar a ser muy frágil, si no sabemos alimentar y regar como si fuera una planta. ¿Demasiado romántico lo que estoy diciendo? Noooooooo…

Venga, que me pongo más cañera:

El amor hay que currárselo. Punto pelota. No digo que todos los puñeteros días, pero uno sí y otro no ¡por lo menos! Hay temas que podríamos ir teniendo en cuenta y que vendría de perlas abonarlos, como por ejemplo:

Dejar la sinceridad “total” a un lado. No es necesario. Seamos verdaderos, honestos con nosotros mismos, pero no seamos los abanderados de la verdad absoluta. Entre otras cosas porque eso no existe. Hay verdades que son necesarias, pero otras hacen daño innecesariamente. La pareja no tiene por qué saberlo todo con pelos y señales. Decía un escritor francés que la razón se compone de verdades que hay que decir y verdades que hay que callar. Y esto enlaza directamente con otro de los grandes quid del mundo parejil: tener la razón.

Como decía Woody Allen en Misterioso asesinato en Manhattan: “ese tipo de razón nos va a llevar a la cloaca…” Y es que querer tener razón siempre , querer ganar siempre, no agachar la cabeza, quedar por encima, tener la última palabra… Son todo sinónimos que conducen ¿a qué? ¿a ganar qué? De qué nos sirve tener siempre razón sino para convertirnos en personas rígidas, inflexibles e insolidarias ante las opiniones del otro. Este es uno de los defectos que más desgastan una relación de pareja y que acaban tirando el amor a la basura. Parar y escuchar al otro, con sus personales argumentos. Sería un ejercicio estupendo ponerse delante de un espejo y decir en voz alta: a veces no tengo razón, aunque me empeñe. Debería ceder más a menudo, aunque crea a fe ciega en mi “razón”. Esta aparente tontería, daría muchas alas y luz a aquellas personas tercas como mulas que se creen en posesión de la verdad absoluta.

¿Has pensado alguna vez qué liberador sería poder quitarte por fin la enorme responsabilidad de estar siempre en lo cierto, de tener siempre razón, de hacer siempre las cosas a tu manera? Sería como quitarse una losa de encima… El truco del espejito podría ser un excelente propósito de año nuevo. Prueba y comprueba los resultados.

Otro gran propósito de año nuevo: valorar a tu pareja. Siempre podrás encontrar alguien diferente, que te aporte otras cosas interesantes, gente atractiva que te atraiga… Eso siempre va a pasar, aunque cambies de pareja constantemente. La cuestión es valorar lo que elegiste, porque lo que tienes es único e irrepetible. Sentirse orgulloso/a de la persona que tienes a tu lado es fácil, sólo hay que observar y admirar sus cualidades.

Escuchar a los demás… La gran cuenta pendiente de la humanidad y, por descontado, de las parejas. La escucha. La comunicación es vital para que las relaciones fluyan. Si callas, acabarás estallando. Si no callas nunca, acabarás diciendo cosas de las que puedas arrepentirte. Escucha más y habla lo necesario. Los resultados son sorprendentes.

¿Y más propósitos? Tener más paciencia, ser más amable, más cariñoso/a, hacer más planes (salir más, cojona!), reir muuuucho más, hacer más el amor (aunque cueste lo más grande…), más juego entre ambos…

Más amor del bueno, que es ese que sabe dar pero que también sabe recibir. Hay personas que se bloquean cuando “el otro” da mucho, porque no saben cómo corresponder… Y por qué no tomarlo como un reto personal el poder estar a la altura. A tu manera, pero entregando. El impulso  lo tienes dentro y es lo que marca la diferencia entre una relación desigual y una relación equilibrada. “D A R S E”.

Y el gran propósito de todos los años nuevos: aparcar el miedo. Al amor, por supuesto. Este verano se me quedó grabada la frase que dijo un magnífico psicólogo con el que hice un curso: “el que es candidato al amor, es candidato al dolor”. Y es que nada ni nadie puede asegurarnos eternidad en una relación de pareja, pero lo que sí está en nuestra mano es que hagamos que la relación se nutra de ese amor del bueno del que hablaba líneas atrás y que, dure lo que dure (si es eterno y bueno, mejor), sea un tiempo excepcional en el que sientas que has currado la relación y has amado a tope (suenan violines otra vez ¡lo sé!)

Y para aquellas personas que no tienen relaciones estables, digo más de lo mismo. Porque siendo excepcional es cuando se encuentran las cosas bellas. Con educación, ternura, respeto, cariño, buenas palabras, ¡¡¡un mensaje “después de”!!! aunque no tengas intención de volver a ver a esa persona… ¡AMABILIDAD! (me falta un megáfono para decirlo!!!) Todo ello es clave para triunfar en el amor, ya seas pareja estable o un amante cambiante

¡Que sea un GRAN AÑO DE AMOR Y COMPLICIDADES!!!

Love is in the air…

¡Feliz 2016!

 

4 thoughts on “Propósitos 2016

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