El whatsapp y los malos entendidos

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El whatsaap para el amor es nefasto. Este podría ser el título para este post de año nuevo. Para frases cortas es una gran herramienta.
Para textos larguitos, explicaciones y demás pretensiones de entendimiento la cosa se complica mucho. Sé de algunas terapias (hace tiempo) en las que se recomendaba el uso del whatsaap o mail para expresar lo que la timidez escondía en el cara a cara, pero yo eliminaría el whatsaap si no fuera para usarse, exclusivamente, con expresiones como: perdona, te quiero, me equivoqué, eres maravillosa/o, me encanta verte o similares construcciones sencillas y sinceras.  Si bien es cierto que son nuevas herramientas que pueden ayudar, también es cierto que el whats en concreto se ha convertido en un arma de doble filo que genera cantidad de malos entendidos, conclusiones precipitadas o dimes y diretes de lo más floridos. En fin. Un caos.

No sé cuántas veces me he topado con parejas cabreadas que me enseñan los mensajes de whatsaap para dejar constancia de sus motivos de enfado. Si ya sumamos al mundo del mensaje en si (que tiene su miga…), las abreviaturas de las palabras, las consonantes cambiadas y las faltas de ortografía, el desastre puede llegar a ser total.

Y es que cada persona tenemos nuestras propias creencias. Las hemos ido conformando a lo largo de la vida, gracias al bagaje que llevamos a nuestras espaldas, fruto de vivencias personales, enseñanzas que nos han inculcado, etc. Cuando recibimos un mensaje de whatsaap, elaboramos y analizamos eso que leemos en función de NUESTRAS creencias, de la cosecha que tenemos en nuestro interior y que desciframos según los códigos que nos dicta nuestro aprendizaje. ¿Esto qué quiere decir? Pues que nuestras creencias seguramente no tengan mucho que ver con las de nuestro/a interlocutor/a y, por tanto, nos podemos volver muy locos si nos empeñamos en entender el sentido de un  mensaje que nos resulta algo confuso, porque no estamos en la cabeza de la otra persona. Lo que nosotros hacemos es pensar: «yo no lo hubiera escrito así», «si ha dicho esto así es porque significa que…» y un largo bla bla bla.

Para que una comunicación se de correctamente, ha de haber dos personas (al menos) que interactúen. Si hablamos por teléfono, escuchamos el tono de la otra persona, la fluidez con la que habla, las pausas… Eso te da pistas de cómo está ese/a interlocutor/a y lo que te está contando suele ir en consonancia con su forma de decirlo. En el caso de estar frente a alguien hablando, tenemos el lenguaje no verbal, la mirada, por supuesto el tono, que nos llevan a entender perfectamente su mensaje. Y aunque en ambos casos seguimos teniendo esas creencias personales de las que hablaba más arriba, que nos ayudan a interpretar los mensajes, el mero hecho de poder rellenar con esos otros matices que aporta la persona que tenemos delante, nos ayudará a entender su discurso y a elaborar correctamente su mensaje.

Con whats, aunque parezca que no, la comunicación es casi unilateral. Un texto lanzado al aire. Se interpreta y se responde otro texto lanzado a otro aire, según lo que «he entendido que me ha querido decir». Y cada cual a interpretar. Afortunadamente existen los emoticonos que aportan algo más de claridad al sentido con que escribimos una determinada frase. ¡Benditos emoticonos! Una fase un poco dura con un chisme sonriente, siempre quedará suavizada.

Y ahora viene la pregunta… ¿Por qué mantenemos conversaciones eternas, nos enrocamos, discutimos y requete repetimos argumentos sin llegar a descolgar el teléfono una sola vez para aclarar las cosas? Son esos grandes misterios sorprendentes que hacen de whatsaap un pequeño matón de la comunicación. El control de horas, las comitas azules, lo que quise decir, lo que dijiste, esto está escrito, pues lo expresé mal, pues aprende a expresarte, pues aprende a interpretar, el corrector de las narices, los mensajes precipitados, los cabreos expresados en tiempo real sin darte 20 segundos para respirar, los «nunca me contestaste», los «creí que te iba a agobiar«, pensaba que tú no querrías, interpreté que no te gustabalee más arriba que lo explico perfectamente… Y más y más y más… Prrrrrrr….

¡Podría seguir escribiendo hasta la noche!

Y hablo solamente de los mensajes bien escritos, los que se entienden con todas sus letras… De las conversaciones con abreviaturas mejor ni hablar porque eso ya pertenece a un estrato superior de indefinición e incomprensión total.

Hay que intentar volver a la llamada tradicional en cuestiones «aclaratorias» y no tratar de hacerlo por esta vía, porque conseguimos enrevesar aún más. Usar frases cortas, concisas, tratar de hablar en positivo, no ceñirse a la palabra escrita como inamovible, pues ya se ve que podemos equivocarnos al querer expresar algo de determinada manera. Ser cariñoso/a con las palabras, no exigir respuestas inmediatas y aplicarnos el cuento reflexionando acerca de lo que no nos gusta que nos exijan para no exigirlo nosotros… (vamos, el eterno «ponerse en el lugar del otro»).

Al fin y al cabo se trata de comunicarnos, de hacernos entender. Mejor simplificar ¿no?

 

 

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