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La magia del vibrador está en la facilidad con que despierta sensaciones en el cuerpo. Los hay, tanto para hombres como para mujeres. En el caso de las mujeres que tienen dificultades para alcanzar el orgasmo, el vibrador se revela como un excelente aliado, pues su función terapeútica está más que contrastada.

¿Pero qué sucede con aquellas personas que sienten vergüenza, cierto rechazo al tema de los juguetes o que tienen prejuicios sobre incluir en su mundo erótico la idea de un aparatillo externo para dar placer?

En estos casos, suele haber una idea asociada al hecho de que la mayoría de los vibradores tienen forma de pene y que «eso» se usa para introducirlo en la vagina (en el caso de las mujeres, claro está), lo que genera cierto rechazo. Por suerte, tenemos infinidad de ejemplos que lo desmienten pero como la tecnología, el diseño y demás mandangas van tan sumamente rápido, a es@ usuari@ algo excéptico no le da tiempo a chequear todo lo que ha cambiado en el panorama juguetil. Muchas de nuestras cabecitas se quedaron ancladas en el pene con orejas de conejito que puso de moda la serie Sexo en Nueva York (que vuelve, ¡por cierto! y ya veremos qué flamante novedad nos pone ahora de moda…)

La cuestión es que hay juguetes sexuales que no parecen lo que son y que generan menos rechazo a quienes les cuesta introducir esta variable en su mundo erótico, por lo que son perfectas para lograr una aproximación curiosa al tema. ¿Es obligatorio tener un juguete erótico en la mesita de noche? Para nada. Pero conseguir quitarse los prejuicios, cuando hay una dificultad o resistencia concreta, puede ser un ejercicio interesante para desbloquear otras muchas creencias arraigadas que pueden llegar a empobrecer la vida sexual.

Como soy una ratilla curiosa, llega a mis manos este vibrador de líneas muy sencillas que, aparentemente, no parece un vibrador y que ilustra a la perfección el rollo que acabo de soltar más arriba. Es lo que propone esta firma francesa: Fyne. Un juguete que no muestre a simple vista para qué sirve. Porque no hay que dar explicaciones, ni justificarse.

Es resistente al agua, se moldea en función de las necesidades propias y tiene una vibración bastante cálida, suave, sin la estridencia de algunos aparatos que se pasan de la raya. Este vibradorcillo se llama Olly y si te pica la curiosidad, puedes pinchar este enlace para ver todas sus características. El formato cofre riza el rizo, incluyendo un lubricante excelente, que dura bastante sin resecarse, muy sedoso (¡Sí, por favor! 👌🏼 ) Y… una pequeña joyita editada en forma de mini revista, que es una delicia. Sólo por el diseño merece la pena, pero es que el contenido también es interesante porque la firma, además, apuesta por la educación sexual.

Vamos, que como autoregalo o regalón navideño a tu cuñada, me parece un puntazo.

Ahí lo dejo…

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